En la historia siempre hay lugar para las primeras veces. Desde su relanzamiento como página web en el año 2019, El Diario ha sido testigo de los acontecimientos que han definido los últimos años en Venezuela, y los cambios que en los últimos dos meses marcan la agenda política del país. Aun así, resultó sorpresiva la convocatoria recibida durante la madrugada del 4 de marzo para acudir al Palacio de Miraflores y cubrir una de las actividades de la presidenta encargada de Delcy Rodríguez.
Aquella invitación podría parecer algo normal, incluso de rutina dentro del ejercicio del periodismo, pero en Venezuela marcó un hito histórico. Por primera vez en más de una década se permitió a medios de comunicación independientes, muchos incluso con línea editorial adversa al gobierno, cubrir un evento en Miraflores. Esto tras años de relaciones confrontativas entre el oficialismo y la prensa, así como de selectividad en la acreditación de esos medios.
Justamente una noche antes, en una entrevista con el periodista Luis Olavarrieta, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, aseguró que el país ahora vivía un “nuevo momento político” que superaba esa etapa de confrontaciones y abría una oportunidad para que los periodistas puedan ejercer su trabajo de forma libre. Esta era una de esas oportunidades.
Puertas abiertas, listas cerradas

El motivo de la cobertura era la llegada a Venezuela del secretario de Interior de Estados Unidos, Doug Burgum. El funcionario fue recibido en el aeropuerto de Maiquetía por la encargada de negocios de ese país, Laura Dogu, junto con una comitiva de empresarios de las principales empresas petroleras y mineras extranjeras. Esa misma tarde, toda la comitiva llegó al Palacio de Miraflores para reunirse con Delcy Rodríguez para establecer una agenda de cooperación en materia de extracción minera.
Burgum aún no aterrizaba en el aeropuerto internacional de Maiquetía cuando ya los periodistas estaban en la Sala de Prensa del Palacio Blanco, frente a Miraflores. Para los reporteros del sistema de medios de comunicación oficiales, e incluso para algunas agencias internacionales, era una pauta de rutina, pero para muchos otros era la primera vez en esa estancia. Sobre todo de varios periódicos y portales digitales que en tiempos pasados habían sido tácitamente vetados por sus posturas críticas al oficialismo.
Ahora pasaban las rejas del palacio, con saludos educados de los militares que lo custodiaban. Sin embargo, al momento de acreditarse, en un principio un grupo de medios de comunicación que justamente tenía su primera cobertura allí, entre ellos El Diario, fue rechazado en un inicio por no estar en la lista manejada por el Ministerio de Comunicación e Información, diferente a la de los que confirmaron su asistencia para el acto.
En ese momento se pudo ver una de las dificultades que precisamente afrontan los medios de comunicación independientes para cubrir actos del gobierno: el laberinto de la burocracia. Escribir a un funcionario para enviar luego un correo a un dirección con una carta dirigida a un viceministerio, para finalmente esperar la acreditación. E incluso aunque se obtuviera con relativa celeridad, la encargada de las acreditaciones indicaba con voz institucional que ya no daba oportunidad para cubrir el evento para que se había llegado. La famosa oportunidad abierta por Jorge Rodríguez parecía que se cerraba.
Insistencia

Aun así, aunque se le pidió a los periodistas abandonar la sala casi de inmediato, los periodistas no desistieron. Primero intentando llamar a los números facilitados por los propios funcionarios de Prensa Miraflores, aunque no se obtuvo ninguna respuesta, ni siquiera un repique. Mientras esa gestión se realizaba, equipos de seguridad del edificio les ordenaron retirarse, ahora con una voz más intransigente, mientras los escoltaban hasta la misma reja que horas antes les había dado la bienvenida.
Pero no se había llegado tan lejos, después de tantos años de ser invisibilizados y marginados por las autoridades, para simplemente retirarse con resignación. Mientras desde la Embajada de Estados Unidos se negociaba con los encargados de la acreditación para permitirles el paso, los periodistas aguardaban en la calle pacientemente, bajo el sol del mediodía, sin intención de ceder el espacio conquistado.
Tras horas de incertidumbres, mensajes y espera, llegó finalmente la luz verde para regresar al juego. En los soldados del portón reinaban caras de confusión, mientras que los mismos funcionarios que horas antes pedían con frialdad abandonar el lugar ahora recuperaban su amabilidad invitando a pasar por los mismos salones y procesos que ya se habían hecho antes para asegurar la acreditación. En esos pasos que resonaban sobre el mármol del recinto había bastante de la terquedad e insistencia que por años ha caracterizado al periodismo venezolano, ahora directamente en el corazón del poder.
Desde la sala

Una vez cumplidos todos los pasos de la acreditación se pudo ingresar a la Sala de Prensa Simón Bolívar del Palacio de Miraflores, donde el resto de medios de comunicación ya aguardaban. A partir de ese momento tocaba someterse a un nuevo tipo de espera, más normal dentro del oficio: a que los voceros salieran para dar sus esperadas declaraciones.
En ese momento Delcy Rodríguez, vestida de rojo vibrante que parecía dejar clara su posición política, encabezaba la escena. A un lado, los invitados estadounidenses, con un Doug Burgum de sonrisa perenne y una corbata también roja, aunque por el color del Partido Republicano de Donald Trump. Junto a él estaba la embajadora Dogu, personal diplomático y empresarios estadounidenses. Al otro lado, en contraste, la comitiva del gobierno venezolano con figuras clave para el gobierno de Rodríguez, como el presidente de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), Héctor Obregón; el vicepresidente sectorial para el Área Económica, Calixto Ortega Sánchez; y el ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello.
Más que ser el representante de la administración Trump, Burgum llegó a Venezuela con la actitud de un empleado dispuesto a negociar con un nuevo socio. Antes de dedicarse a la política, destacó precisamente como empresario en el campo tecnológico, llegando a ser vicepresidente de Microsoft Business Solutions Group. Ya como gobernador del estado de Dakota del Norte (2016-2024), destacó por impulsar la industria de los hidrocarburos y lograr inversiones importantes en tecnologías para la captura y almacenamiento de las emisiones de dióxido de carbono.
Desde su nombramiento como secretario de Interior en enero de 2025, ha estado al frente de la política de manejo y aprovechamiento de tierras en Estados Unidos, así como la explotación de recursos como el petróleo y el gas natural. Sin embargo, su jurisdicción no se limitaba únicamente al subsuelo norteamericano. En el último año también selló importantes acuerdos energéticos con países como Egipto, enfocados precisamente en el intercambio tecnológico. Parecía un perfil ideal para entenderse con el gobierno encargado de Rodríguez, en momentos de pragmatismo económico por encima del dogmatismo político.
Toda la escena era vista desde la sala de prensa por los monitores de las cámaras. Cada tanto, se permitía a los fotógrafos y camarógrafos salir para fugaces incursiones en busca de imágenes de la reunión. Primero en las sillas blancas del Salón de los Embajadores, y luego ya sentados en la gran mesa del Salón Simón Bolívar.
Trabajo cumplido

Aunque la hora programada para el acto era cercana al mediodía, no fue sino hasta bien entrada la tarde que todos los equipos se dispusieron cerca de la puerta del Palacio de Miraflores, a la espera del momento en que Rodríguez y Burgum salieran para dar sus declaraciones. Las enormes puertas, parecidas a las de una iglesia, se abrían y cerraban mientras que funcionarios y guardaespaldas corrían de un lado a otro preparando la gran salida.
Finalmente, caminando a la par, ambas figuras salieron coronadas por la banderas de sus respectivos países para finalmente hablar. A los pies de la escalinata, nuevamente enfrentados cara a cara, estaban las comisiones del gobierno y de la Embajada, ambas con la vista puesta en sus interlocutores. Al frente de todos, el despliegue de cámaras, celulares y micrófonos de todo el espectro mediático nacional e internacional, dispuestos a registrar el momento para la historia.
Rodríguez saludó la presencia de Burgum, señalando que se lograron importantes acuerdos de colaboración para la explotación de minerales críticos en Venezuela por parte de grandes capitales privados, quienes en los últimos meses han mostrado nuevamente interés por invertir en el país. También aseguró que en los próximos días presentaría una propuesta ante la Asamblea Nacional para reformar la Ley de Minería, con el mismo espíritu que en su momento tuvo la reforma de la Ley de Hidrocarburos que sepultó el antiguo modelo estatista instaurado por el entonces presidente Hugo Chávez en el año 2006.

Por su parte, Burgum reconoció que el gobierno de Rodríguez ha sido clave para el plan de estabilización de Venezuela de la administración de Donald Trump, y saludó su voluntad para reducir la burocracia estatal y facilitar el retorno de las empresas internacionales al sector minero venezolano. Al terminar, Rodríguez y Burgum se dieron la mano y se retiraron sin responder preguntas, aunque eso no evitó algunas dudas gritadas furtivamente desde el palco de prensa y quedaron al aire.
Después de siete horas de jornada en el Palacio de Miraflores, todo terminaba en una declaración que no superó los 10 minutos. Aun así, la satisfacción se mezclaba con el cansancio en las caras de los periodistas que ahora se retiraba para ir a casa. El cielo se cubría con tonos rojizos que combinaban con el rosado de las paredes del palacio, mientras una gran bandera de Venezuela ondeaba con las primeras brisas frías de la noche por venir. La primera pauta de muchas que, se espera, marquen a partir de ahora la relación de las autoridades venezolanas con el periodismo independiente.
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